Disciplina Positiva. Creencia Errónea de Incapacidad.

Como proceso básico, y muy resumido, de generación de conductas nos encontramos con que el niño observa, interpreta y finalmente actúa.

En esta interpretación es en la que se centra fundamentalmente la Disciplina Positiva, ya que fruto directo de la interpretación de los hechos vividos, será posterior comportamiento. Y es en esta interpretación donde podemos hablar de las creencias erróneas de esta filosofía educativa.

Son muchos los aspectos que influyen en la creación de nuestra propia realidad, y no vamos analizarlos en este momento, sólo nombrar la importancia de las experiencias vividas, de nuestro banco de memoria emocional y de nuestros sistemas de defensa y de recompensa natural.

En base a esta interpretación, la Disciplina Positiva diferencias cuatro creencias erróneas, siendo una de ellas la creencia errónea de incapacidad, de insuficiencia.

Si nos vamos a la RAE, incapacidad se define como:

  1. Falta de capacidad para hacer, recibir o aprender algo.
  2. Falta de preparación o de medios para realizar un acto.

Pues bien, así es como muchos niños se sienten en sus casas, en las escuelas y en sus círculos más cercanos, incapaces para realizar tareas y actividades que los adultos consideramos que sí pueden llevar a cabo. niña ojos tapados

En muchas ocasiones es muy complicado identificar la incapacidad del pequeño, sobre todo si éste la enmascara tras un personaje cómico que aparentemente se ríe de todo; o tras un carácter hostil y en continua actitud de defensa, o tras una hiperactividad motora.

En otras ocasiones confundimos su incapacidad con llamadas de atención, y nos centramos en trabajar esas llamadas de atención pero sin capacitar al pequeño en sus dificultades, por lo que difícilmente la atención excesiva desaparece.

Son muchos los niños que hoy en día sienten que sus cualidades son insuficientes para desempeñar tareas diarias. Vivimos en un mundo donde rige la competitividad, y ésta se está llevando a su peor extremo,  convirtiéndose, por desgracia, en un principio de vida. Esta competitividad se siembra desde pequeño, y genera estrés, ansiedad y bloqueo en el mundo infantil. No digo que competir sea malo, la competición puede usarse como estímulo para conseguir un principio útil para el pequeño y para su entorno, pero rara vez se le da este sentido.

Para identificar a un niño incapaz, Jane Nelsen nos recomienda realizar una mirada introspectiva a nuestras emociones. Si la conducta del pequeño despierta en nosotros sentimientos de impotencia, incapacidad y desesperanza, es muy posible que el niño necesite aprender medios y herramientas para poder vencer su percepción de incapacidad.

Esta creencia errónea no aparece sola; aunque bien es cierto que todos nacemos con una importante carga genética, no es menos cierto que tanto las relaciones familiares como el ambiente en el que crecemos, modelan y determinan nuestra personalidad.

Las excesivas e inadecuadas exigencias por parte de los cuidadores, las comparaciones continuas con iguales, los comentarios cargados de una fuerte connotación negativa ante errores cometidos por los niños (“pero qué torpe que eres”), o el rescate sucesivo del pequeño en situaciones normales pero que los papás ven peligrosas, son la semilla perfecta para que un niño desarrolle un sentimiento de incapacidad real.

Esta creencia errónea de incapacidad está íntimamente relacionada con la autoestima, y la autoestima, a su vez, está conectada con el autoconcepto. Son conceptos relacionados, pero no son iguales.

El autoconcepto sería el conocimiento que tenemos de nosotros mismos, cuáles son, a nuestro entender, las características que nos definen como persona. La autoestima sería lo que esperamos que podemos llegar a hacer con nuestras cualidades. Cuando la distancia entre lo que pensamos que somos y lo que  pensamos que podemos desarrollar es muy grande, nuestra autoestima se tambalea; sin embargo, cuanto más ajustado esté nuestro autoconcepto de nuestra autoestima, más sólida será esta última, de ahí la importancia de hacer un acompañamiento pausado si así lo requieren las circunstancias.

Por lo tanto, para trabajar con un niño que se siente incapaz, lo primero que tendríamos que averiguar es qué cualidades, aptitudes y dificultades considera él que tiene. Esta información podemos obtenerla, mediante preguntas de curiosidad, a través de la observación detallada y objetiva, olvidando los prejuicios que podamos tener sobre el pequeño.

Si conseguimos identificar la creencia errónea de incapacidad del niño y conseguimos trabajarla; sin duda, estamos actuando sobre la creación de una sana autoestima, ya que lo estamos empoderando.padre con hijo en brazos

Basándome en el libro “Cultivando Emociones”, apunto cuatro condiciones que influyen en el desarrollo de la autoestima:

  1. a) Vinculación: Aquí entrelazo con el núcleo central de la Disciplina Positiva, el sentimiento de pertenencia, tan importante para la especie humana. Un niño, al igual que el adulto, necesita saber que forma parte del grupo o familia. Esto le hace sentirse querido e importante, lo que lo que lo impulsa a tener iniciativas y superar retos.
  2. b) Singularidad: Aquí hablo de respeto por las características y el ritmo de desarrollo del infante. Cada niño, cada persona, tenemos nuestro ritmo de aprendizaje, y es importante respetarlo para que el niño se sienta aceptado. Como dije en otro artículo, la etapa de inmadurez dura más de 20 años, así que tenemos mucho tiempo para que nuestros hijos desarrollen habilidades emocionales y sociales.

 

  1. c) Poder: Es fácil para un adulto, en su relación con otros, especialmente con niños, caer en ocasiones en la creencia errónea del poder, pensamos que sólo si demostramos a nuestros hijos o alumnos que nosotros mandamos estaremos desempeñando bien nuestro rol de educador, y no nos damos cuenta que no es necesario probar algo que ya tenemos. Ceder de manera coherente, establecer límites claros que dejen un margen de acción y libertad a los niños para que puedan equivocarse y aprender de estos errores, ofrecer opciones limitadas dentro de los límites adecuados a la edad y al contexto empoderan al pequeño, haciéndolo sentir útil e importante. Si no cedemos, de forma adecuada, en este aspecto,  estamos incapacitando a los pequeños para realizar tareas que podrían realizar perfectamente.

 

  1. d) Modelos o pautas: Nuestros hijos necesitan un modelo de referencia, y especialmente en las primeras etapas infantiles, este punto será la familia, o las figuras de apego que formen parte de su contexto. Posteriormente irá cambiando (con la adolescencia por ejemplo, el modelo a imitar serán los amigos). Por lo tanto, debemos ser muy cuidadosos con lo que decimos y sobre todo con lo que hacemos, ya que sus neuronas imitarán a las nuestras.

 

Finalmente, dos herramientas que nos ayudarán a mejorar el autoconcepto y la autoestima de los infantes

 

1)   Hacer uso de una crítica adecuada.

 

2)   Motivar en vez de alabar.

 

Ambos conceptos están muy relacionados; tal y como indica Goleman, la crítica adecuada debe ir dirigida a la acción realizada y a la forma en que podría realizarse, nunca hacia las características personales del pequeño o de la persona.

 

 

Si el pequeño considera que “el fracaso se debe a una carencia innata, pierde toda esperanza de transformar las cosas y dejan de intentar cambiarlas” (Goleman)

 

Una crítica constructiva debe reunir las siguientes características

 

1)   Concreta. Que quede claro qué es lo que debería hacerse de otra manera. Los niños no son adivinos, y la ironía con ellos no funciona. Seamos claros y concisos.

 

2)  Enfocada en soluciones. Esta es también una herramienta de Disciplina Positiva, el enfoque en soluciones. No hagamos leña del árbol caído, analicemos con el pequeño lo que ha sucedido y porqué y después, busquemos soluciones juntos para que las cosas ocurran de otra manera. Estaremos desarrollando además el pensamiento alternativo, tan importante para evitar conductas agresivas.

 

3)   Estando presente. Hagamos nuestros comentarios cara a cara, y a ser posible en privado. Los papás no necesitamos justificar la conducta de nuestros pequeños ante nadie, ni necesitamos mostrarle a los demás nuestras técnicas educativas para sentirnos mejor.

 

4)   Actitud sensible. Aquí es fundamental la empatía, y nos vendría muy bien aplicar el proceso de integración desarrollado por Siegel y ya expuesto en mi artículo sobre las emociones.

 

Sin embargo, y esto es muy importante, no sólo tenemos que cuidar cómo hacemos la crítica al niño, sino que además debemos enseñarlo a recibir una crítica adecuadamente, exponiéndole los beneficios de la misma, haciéndole ver que una crítica bien expresada contiene una información importantísima que le ayudará a mejorar acciones y a conseguir objetivos.

 

Del mismo modo, y tal y como desarrollé en un escrito anterior, la motivación debe ir enfocada al proceso, independientemente del resultado; éste vendrá solo si el niño aprende a valorar su esfuerzo y trabajo y con ello además desarrollará la motivación intrínseca por la tarea realizada.

 

La alabanza no deja de ser una etiqueta que nos limita e incapacita. Y la vinculación de nuestro estado emocional con sus conductas (¡qué contenta estoy por cómo te has portado!), genera una carga emocional en los niños que lejos de capacitarlos los hace sentir culpables y presionados.

 

La creencia errónea de incapacidad, muchos ya lo sabéis, es un tema que me apasiona, ya que detrás de muchas conductas inadecuadas, lo que se halla es una dificultad para realizarlas de otra manera. Acompañar al niño en este camino y formar parte de su proceso de capacitación es sin duda un enriquecedor aprendizaje donde todos ganamos.

 

 

 

Fuentes: Cómo Educar con Firmeza y Cariño, de Jane Nelsen / Cultivando Emociones, CEFIRE de Elda

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